Muchas veces, los que somos padres, no sabemos cómo acercarnos a nuestros hijos, sobretodo cuando con el día a día vemos cómo se van separando bien por el normal proceso de “hacerse mayor” y ganar en autonomía, bien porque no sabemos cómo mantener ese hilo que nos unía cuando las diferencias entre ellos y nosotros se van haciendo más grandes (ante un conflicto o una situación difícil).

Sabemos que los bebés son muy dependientes, y que esa dependencia va dejando paso a la autonomía conforme el niño madura. Muchos padres, sobretodo madres, se van sintiendo alejadas de sus hijos conforme sienten que no les necesitan porque han basado su relación en la dependencia. Y esto no es bueno. Tenemos que saber cómo estar a su lado sin entrometernos, pero, a la vez, sin que sientan que no estamos a su lado o que no cuentan con nosotros. Un termino medio que, según la edad, es difícil de mantener.

Los que practicamos Mindfulness sabemos de la importancia de estar presente. La presencia es una herramienta muy útil, especialmente en la educación de los niños. No se trata de estar siempre con ellos, si no que los ratos que estamos con ellos, lo estemos plenamente. Es decir, estar con ellos sin tener la mente en otra cosa. Que aunque sólo tengamos un minuto al día para estar con ellos, ese minuto lo vivamos en plenitud, en presencia absoluta. Muchas veces basta con sentarse a su lado y estar. Sin hacer nada más. Tan sólo estar.

Que los ratos que estamos con ellos, lo estemos plenamente.

No es necesario buscar actividades incisamente para hacer con ellos. Esa frenética vida que llevan algunas familias de ir a muchos sitios, y hacer esto y lo otro, no es más que una manera de llenar un vacío interior que tienen algunos padres. Si aprendemos a conectar con nuestro interior y pasar del modo hacer al modo ser, si conseguimos ser conscientes de nuestro sosiego interior, podremos llegar a ser unos padres conscientes. Un padre consciente manifiesta su presencia y se muestra como un padre más receptivo, atento y tranquilo ante sus hijos. A su vez los hijos sienten el amor en la presencia de los padres.

Aunque el párrafo anterior os pueda parecer un poco embrollado, no os preocupéis. Ya sabéis que en este blog me gusta lo práctico. Por eso, os propongo unos sencillos hábitos para que practiques la presencia en casa con vuestros hijos y veréis cómo es muy fácil. Probadlo y notaréis como con tan poco, vais a recibir mucho de vuestros hijos, aunque suene un poco egoísta dicho así. Los niños son tan receptivos, que tan solo estos sencillos hábitos pueden obrar maravillas en vuestra relación.

11 hábitos que te acercan a tu hijo:

  1. Escucha activa: cuando tu hijo te habla, procura dejar lo que estás haciendo y escucharle mirándole a los ojos. En ese momento no hay nada más importante que escucharle.
  2. Al despertarles, por la mañana, además de saludarles, es muy importante estar con ellos unos pocos minutos antes de que empecemos con las prisas y los quehaceres diarios.
  3. También por la mañana, en los últimos momentos antes de salir de casa, cuando en muchas familias se viven momentos de tensión provocada por las prisas, puedes hacerles cantar o gastarles bromas o incluso inventarte algún juego gracias al cual se preparen y salgan de casa sin discutir.
  4. Otra manera de mostrar tu presencia a lo largo del día es regalarles caricias o apretarles la mano cuando, por ejemplo, te cruzas con ellos por el pasillo o los tienes sentados a tu lado durante la comida o en cualquier otro momento.
  5. También en cualquier momento, sin “venir a cuento”, diles cuánto les quieres, de manera espontánea, cómo son de importantes para ti o cuánto te gusta ser su madre/padre. Que sepan que estás orgulloso de ellos.
  6. Cuando vuelvan del cole, si les recoges o en el momento que los veas al llegar a casa, recíbelos con total aceptación dejándoles que cuenten todo lo que quieran de su día, sin criticas ni juicios, animándoles a que se expresen a su manera.
  7. Hay situaciones en el día que pueden ser aburridas para ellos, como hacer una cola en una tienda. Aprovecha ese momento para hacerles cosquillas o alguna caricia, o hablar con ellos, dependiendo de la edad. Pregúntale por algo que le interese, por cómo le ha ido el día, y cuéntale sobre ti, cómo va tu día o alguna anécdota, si es posible con algún tipo de contacto. No muestres siempre impaciencia, queja o nerviosismo en esas situaciones porque lo que aprenderán de nosotros es ansiedad en vez de presencia.
  8. Momentos rápidos, como un semáforo, pueden ser buenas ocasiones para darles un beso, una caricia, un cumplido o decirles al oído cuánto le echabas de menos durante el día en el cole. Ya tendremos tiempo de correr cuando vamos solos. Con ellos, practica la calma y el sosiego.
  9. Por la calle, procura dejar las prisas cuando vayas con ellos y responde a su espontaneidad. Mis hijos me han enseñado mucho de esto. En mi corre corre habitual no me daba cuenta de nada de lo que ocurria por la calle, mientras que ellos me decían: “mira mamá, ya es otoño, ese árbol ha perdido las hojas que tenía ayer”, y así con muchas más cosas, dándome cuenta de que había perdido la frescura y la espontaneidad, de que vivía en el momento siguiente siempre tratando de llegar a … cuando lo importante está ya aquí y ahora. Vé por la calle con ellos (o sin ellos) con la capacidad de observación conectada, respirando, oliendo, mirando, oyendo… sintiendo.
  10. Es muy importante sacar al menos un minuto al día para disfrutar con ellos de algo y reír, reir mucho, reir cada día, a cualquier hora.
  11. Por la noche no les apremies a que se duerman. Regálales y regálate un ratito de remoloneo con ellos. Déjales que se acurruquen en tu regazo, o dales un mini masaje o lo que les guste más. Ese ratito con ellos puede ser suficiente para que a los que les cuesta más irse a la cama, lo deseen por estar contigo.

Lo importante está aquí y ahora

Por supuesto que en nuestra individualidad y en la de nuestros hijos, estos hábitos o rituales pueden ser distintos, puedes añadir otros que te sean más convenientes (te agradeceré que me los cuentes) y puedes quitar los que no vayan con la manera de ser tuya o de tu hijo.

Los niños, como niños que son, no tienen que aprender a ser presentes pues ellos habitan el presente de forma natural. Así es la niñez. Somos nosotros los que tenemos que aprender de ellos a vivir nuestra presencia en el momento presente, tenemos que aprender a disfrutar del minuto presente como ellos, sin agobiarnos por el minuto posterior ni por el anterior.

Y tú, ¿tienes algún hábito o truco para conectar con tus hijos mediante la presencia?, ¿cuál es tu experiencia?. Deja un comentario. Me encantaría conocerla y ampliar esta lista con vuestras ideas. Y si los pruebas y te van bien (o mal) cuéntamelo también.

Como siempre, gracias por compartir y recuerda que si quieres recibir los posts en tu mail así como otras cosas que poco a poco iré publicando, no tienes más que suscribirte aquí

Pilar Navarro