Uno de los aspectos más interesantes de la práctica de mindfulness es, sin duda, su aplicación en la vida cotidiana y en el día a día.

Una manera sencilla de entender mindfulness es, simplemente, la habilidad de prestar atención al momento presente, sin criticarlo ni juzgarlo. No importa si en este momento sientes estrés, cansancio, relax, alegría o pena, mindfulness te enseña cómo prestar atención al momento, despertar y darte cuenta, viviendo tal y como se presenta.

Una mente atenta y despierta es capaz de tomar mejores decisiones al ser capaz de mantener la calma en las diversas situaciones que se nos presenten durante el día. Para entrenar esta habilidad, además de la meditación formal en la que debemos perseverar, hay muchas ocasiones a lo largo de la jornada con las que practicar y llevar mindfulness a la vida diaria. Incluso aunque ahora te estés diciendo que eso es imposible si yo conociera la larga lista de quehaceres y obligaciones que hay en tu día a día, ¡se puede!. Te dejo algunos ejemplos:

1 Párate y respira durante tres o cinco minutos.

Seguro que a lo largo del día encuentras pequeños momentos para desconectar de lo que estás haciendo y conectarte contigo mismo a través de la respiración. Si crees que cinco minutos son demasiados, prueba con tres. Sólo tres minutos para parar, cerrar los ojos y poner tu atención en la respiración y en las sensaciones de tu cuerpo. Escucha con atención los sonidos que te llegan en este momento. Puedes recrear mentalmente el entorno en el que te encuentras, el aire sobre tu piel, la ropa, la postura, etc. Date tres o, mejor, cinco minutos de respiro. La respiración es como un ancla que te devuelve al momento presente, al aquí y el ahora. Utilízala.

2 Observa tus pensamientos sin juzgarlos

Esta práctica la suelo recomendar en los cursos y talleres de mindfulness, cuando hablamos del poder de los pensamientos, porque nos da mucha información sobre nosotros mismos. Se trata simplemente de, a lo largo del día, “darnos cuenta” de en qué estamos pensando. Puede ser cuando vas por la calle, o mientras estás haciendo algo y de pronto te das cuenta de que no estás pensando en lo que haces, si no en otro cosa. ¿En qué?, ¿dónde está tu mente?, ¿es una preocupación, algo del futuro, algo que ha pasado….?. Anota si te es posible una palabra: preocupación, futuro, gasto, pasado….. Al final del día podrás observar cuál ha sido tu patrón de pensamiento.
Reconocer la tendencia de nuestro pensamiento es un primer paso para que esa idea no se nos enquiste dentro y no nos enredemos en ella, lo que nos acerca a la autocomprensión y la aceptación.
Simplemente parar un instante y darnos cuenta del pensamiento que estamos teniendo, basta para detenerlo y dejarlo pasar, dejando nuestra mente en calma. No hay que hacer nada más que observar lo que ocurre en el momento presente.

3 Pon tu atención en lo que estés haciendo y en nada más.

Ya hemos hablado en este blog de la multitarea. Algo que parece como positivo y de gente eficiente, no lo es tanto porque no podemos permanecer verdaderamente atentos a más de una acción a la vez.
Si te das cuenta de que mientras haces una cosa estás pensando en otra, vuelve tu atención a aquello que estás haciendo. Evitarás errores y despistes. Y, además, ahorrarás energía ya que hacer varias cosas a la vez genera más cansancio mental y estrés que centrarse en una sola cada vez.
Centrarnos en una tarea cada vez nos hace ser más eficientes y efectivos. Ya sea trabajar, practicar un deporte, cocinar, jugar, leer….. hazlo con toda tu mente y con todo tu cuerpo, estando presente sin distracciones que hagan a tu mente ir y venir constantemente.

UN CUENTO ZEN“Un hombre se acercó a un sabio y le dijo, “Me han dicho que tu eres sabio…..Dime: ¿en qué consiste el secreto de la sabiduría? El sabio contestó: “Soy sabio porque cuando como, como; cuando duermo, duermo y cuando hablo contigo, hablo contigo”. Pero eso también lo puedo hacer yo y no por eso soy sabio, replicó el hombre; “Yo no lo veo así”, le contestó el sabio, “pues cuando duermes, estás pensando en los diez mil problemas que tuviste durante el día o podrás tener cuando te levantes. Cuando comes estás pensando en lo que vas a hacer luego o qué comerás al día siguiente, y cuando hablas conmigo estás pensando en qué preguntarme o responderme antes de que yo termine. Tu no eres sabio porque nunca estás aquí, siempre estás en otra parte” 

4 Da un paseo consciente

En la medida que te sea posible, o cuando tengas que salir para cualquier cosa, aprovecha y pasea de manera consciente. Observa el cielo, las nubes, los árboles, las plantas…. Escucha los sonidos de la ciudad o de la naturaleza, los olores. Siente el entorno en todas sus facetas mientras caminas despacio pero no lento, atento a lo que ocurre y siente cómo formas parte del mundo. Si puedes, da el paseo sin un rumbo fijo, sin meta a la que llegar, tan solo por el placer de sentir el exterior y caminar.

5 Durante la comida

No hace falta que realices una práctica de comida consciente en cada desayuno, comida y cena. Ni siquiera durante toda la comida. Basta que tu práctica “informal” se limite a los primeros bocados, o a una pieza (una galleta) o los primeros sorbos del café o del té de la mañana. Elige tú el momento y el alimento. Pon toda tu consciencia en ese bocado y haz una mini práctica cada día, saboreándolo y experimentando todas las sensaciones que te provoque.

6 Durante una conversación

A lo largo del día mantenemos muchas conversaciones, algunas de ellas sin gran interés para nosotros. Practica mindfulness intentando estar presente con todo tu ser en la conversación. Pon tu atención en sus palabras repitiéndolas en tu mente, en los gestos que la acompañan y en el aspecto de tu interlocutor. ¡Cuidado! Poner atención no es criticar ni juzgar. No se trata de pensar en cómo va vestido y si te gusta o no. Sólo observar y retener, sin dejar de mirar a los ojos del que te habla. Se sentirá acogido por tí.

7 Mi truco de los tres segundos

Algo que a mí me funciona es, antes de hacer cualquier cosa, especialmente si un momento antes estaba alterada, o distraída o en una conversación agitada…., cerrar los ojos tres segundos y mientras respiro situarme mentalmente en el espacio que ocupo, mi cuerpo y el entorno; sentir el aquí y el ahora de una manera un tanto fugaz quizá, pero que me ayuda a situarme y focalizarme en la siguiente actividad. Nada más que eso. Gracias a la práctica formal continuada, sólo unos segundos de “prestar atención” son suficientes para volver al presente y centrar la atención. Repito: gracias a la práctica continuada. El cerebro tiene “memoria” y es capaz de volver a ese estado de presencia y quietud en el que te has estado entrenando con la meditación.

¿Crees que es posible?. Hay multitud de pequeñas prácticas que nos van ayudando a mantener ese estado de presencia, calma y serenidad en nuestro día a día, por muy complicado que éste sea. Escríbeme o comenta más abajo si te son útiles estos pequeños trucos, si conoces alguno que te funciona mejor o si quieres que te enseñe otros más.

Y ya sabes que agradezco mucho el pequeño gesto de compartir si crees que puede ser interesante para otras personas.

Gracias por estar al otro lado.

 

Pilar Navarro