8 cosas que hacer antes de….

Practicando mindfulness en la vida cotidiana

Mindfulness no es sólo meditar. Mindfulness aplicado a las actividades diarias y cotidianas, junto con la meditación, es lo que nos va a llevar a vivir el día con plenitud.

Si tu intención con la práctica de mindfulness es precisamente la de llevar una vida más plena y consciente, con más energía y alegría, en equilibrio emocional, te aconsejo que desde el segundo anterior a abrir los ojos en la cama, traigas esa intención a tu mente. Levantarnos con la intención clara nos ayudará acabar el día con sensación de plenitud y equilibrio.

Te dejo 8 recomendaciones que funcionan:

1.- Antes de levantarte

Es fundamental empezar ya el día libre de tensiones y preocupaciones. Levantarse relajados favorece el equilibrio de la mente. Una práctica de mindfulness matutina (incluso en la cama) ayuda a recibir el nuevo día con mejor predisposición a lo que ocurra durante la jornada.

Aprovecha unos minutos en la cama para tomar conciencia del despertar. Antes de levantarte, dedica unos segundos a pensar en cómo te sientes en este momento, deteniéndote en esa sensación, sin juzgarla ni buscando explicaciones, sólo sintiendo. Trae a la mente tu intención de ese día y busca algo por lo que estar agradecido (¿tal vez por el descanso, la luz de la mañana, algo hecho del día anterior…?).

2.- Antes de salir de la habitación

¿Has probado a desperezarte?. ¡Es un gesto tan natural!. Aporta muchos beneficios al cuerpo y la mente marcando la separación entre el cuerpo que reposaba y el cuerpo que inicia la actividad del día.
Aprovecha este acto natural, no te lo saltes, y hazlo con atención consciente, estirando lentamente el cuerpo, las piernas, los brazos, el cuello… Puedes hacerlo sentado, de pie o tumbado, pero siempre lentamente centrando la atención en cada parte del cuerpo.

3.- Antes de salir de casa

Es posible que por la mañana vayas “como una moto” y con prisas, yendo a contrarreloj. Si despertarte antes para practicar no va contigo, procura adaptar tus rutinas mañaneras a la práctica de mindfulness (y viceversa). Es decir, puedes aplicar las técnicas de atención plena en la elaboración del desayuno, la ducha diaria, el momento de desayunar (comida consciente), al hacer la cama…. Al prestar atención a lo que estás haciendo en cada momento permites a tu mente, sin darte cuenta, tomarse un respiro y olvidarse de otros pensamientos.

Por ejemplo, el momento de la ducha es especial y nos aseguramos de que estamos solos. Puedes enfocar tu atención en cómo el agua recorre tu cuerpo. La ducha consciente suele aportar una agradable sensación de relajación. Para ello, abandona todo pensamiento que no sea el del agua recorriendo tu cuerpo.

Procura al menos durante cinco minutos olvidar las prisas. Dedica esos cinco minutos antes de salir de casa, antes o después de la ducha, antes de vestirte…. para respirar conscientemente. Inspira y exhala con consciencia serenando tu mente y preparándola para el resto del día. Conectando con tu cuerpo descansado. Cinco minutos que te dediques te harán rendir mejor el resto de la jornada. Recuerda que una mente serena y despejada no solo aumenta la concentración, sino que mejora la toma de decisiones, fomenta la empatía y, sobretodo, te ayuda a disfrutar de cada momento de una manera más intensa y plena.

4.- Antes de…. cualquier actividad de la jornada

Empezado por un minuto si no estás acostumbrado, y ampliándolo a dos, cinco…. diez minutos conforme adquieras el hábito, encuentra momentos para parar y ser consciente de tu respiración. Este simple acto de parar y respirar te ayudará a sentirte renovado y a llenarte de energía en cada momento del día que lo realices. Puede ser en un descanso, antes de una reunión difícil, mientras esperas el autobús, en la cola del banco, en un semáforo…. Hay muchas ocasiones; si estás atento las irás encontrando. Dedica unos minutos a respirar, inspirando lentamente el aire, notando cómo entra por la nariz, y luego exhalando de la misma manera. Observando tus sensaciones en ese momento y sintiendo el presente al estar tu cuerpo y tu mente en conexión.

Seguir el ritmo de la respiración, en cualquier momento del día, ayuda a conseguir la atención plena.

5.- Antes de cada comida

Respira y dedica un par de minutos a centra tu atención en lo que vas a comer: observa cada alimento, su color, su textura, su sabor… y no pienses en nada más. Observa cuánta hambre tienes realmente y come lentamente, disfrutando del proceso.

6.- Antes de volver a casa

En la medida que puedas, aprovecha el día para caminar al menos diez minutos en un paseo consciente (que no quiere decir lento). Aprovecha el trayecto hasta o desde el trabajo, baja una parada antes del autobús, aparca un poco más lejos a propósito o usa la bici. Piensa en cuál es tu rutina diaria y descubre en qué momento puedes hacer un paseo consciente (puedes sustituirlo por el deporte que practiques), observando lo que pasa a tu alrededor, poniendo la atención en tus pies y en cómo se posan en el suelo, en tu respiración o en el movimiento de tu cuerpo al caminar.

7.- Antes de terminar el día

Aprovecha el rato que pases en familia o con amigos para practicar la escucha activa. Procura dedicar toda tu atención a la persona que te habla sin hacer o pensar en otra cosa a la vez.
Dedica también atención consciente a cualquier actividad cotidiana de la casa (tender la ropa, hacer la cena…) observando tus movimientos y dejando que la mente descanse al focalizarla sólo en lo que estás haciendo.

8.- Antes de dormir

Además de dedicar un rato a meditar, es muy beneficioso escribir. Por ejemplo, llevar un diario de gratitud en el que cada noche anotar al menos cinco cosas por las que estás agradecido. Y así, con el corazón agradecido y la mente en calma, déjate llevar por un dulce sueño.

Pero….

Quizá llegados a este punto estés pensando que es demasiado. ¡¡¡Que te parece imposible con la jornada que tienes!!!. Mi sugerencia es que no pretendas hacerlo todo desde el primer día. Toma un momento para pensar en lo que haces un día normal, tu rutina cotidiana, y haz una lista de en qué momentos crees que puedes ir adoptando estos pequeños hábitos. Y empieza sólo con uno. Cada día o cada dos o tres días, añade otro. Y así hasta que no tengas que acordarte de hacerlo porque se habrán integrado en tu vida.

Puedes también darte pequeños premios con los logros que vayas notando en tí. Aunque en mi opinión, el logro es darte cuenta de que tu vida fluye, que abandonas el piloto automático y que tu mente está más serena.

¡Feliz viaje!

Pilar Navarro