¿Conectas emocionalmente con tu hijo?

Cada día leemos y oímos hablar sobre poner límites a nuestros hijos: ¿qué limites? ¿cuántos? ¿cómo ponerlos? ¿dónde está el límite?. Cada uno tendrá una respuesta diferente a estas preguntas dependiendo de su carácter, sus prioridades educativas, su talante y, por supuesto, de sus hijos, de cómo sean y de su edad. Los límites hay que revisarlos en cada etapa. No deben ser fijos.

Recetas sobre educación hay muchas y variadas, algunas totalmente contrapuestas como el controvertido tema de dejarlos llorar cuando no quieren dormir frente a la defensa del colecho. Cada uno tenderá a seguir una teoría o la otra o tirar por el camino de enmedio.

No obstante, hay algo que prácticamente todas los métodos educativos tienen en común y es que sin unos límites bien definidos, los hijos muchas veces se pierden. Hasta que vuelen solos, necesitan conocer en qué terreno se mueven, cuál es su zona “segura” dentro de la que crecer en libertad.

Además de los límites, que son una parte objetiva dentro de lo que es la educación en familia, es muy importante que los padres seamos conscientes de la influencia que ejercemos en nuestros hijos, de cómo aprenden de nosotros cuando no nos damos cuenta, de que el ejemplo vale más que muchas de las palabras que nos escuchan decir. Si somos conscientes de ello y cuidamos nuestros gestos, si nos auto-educamos y nos preparamos para influir en ellos en la dirección que queremos y que va en consonancia con la educación que elegimos darles, el proceso educativo será mucho más pleno, más sencillo y sobre todo, más coherente. Los hijos verán en nosotros a unas personas asentadas, firmes y flexibles, coherentes, de confianza, cercanas….. un ejemplo.

Hay diferentes formas de influir en el comportamiento y no todas afectan de la forma que desearíamos en los hijos. Por lo general, va en la naturaleza de ser niño el querer satisfacer a los padres y hacernos sentir orgullosos. Pero también va en su naturaleza el querer experimentar, probar, llevar a cabo ideas que pasan por su mente creativa y virgen o que les surgen de forma espontánea y mostrar asombro ante cualquier idea que para ellos es novedad (la mente de principiante que hablamos en mindfulness; ¿cuántas veces habéis dicho u oído eso de “disfruta como un niño”?). Y eso es precisamente algo que nos suele gustar de los niños.

¿Cuándo estamos desconectados de nuestros hijos?

A veces podemos pensar que nuestros hijos no alcanzan lo que esperábamos de ellos o que están desconectados de nosotros. Cuando esto ocurre se puede deber a alguna de estas razones:

  • quizá estemos esperando un comportamiento que no es el que le corresponde a su edad: esperar que un niño de 9 años tenga un comportamiento de uno de 14, o que un pequeño de 2 años comparta sus juguetes como si tuviera el uso de razón y comprensión de uno de 8.
  • desde que nacen y a su manera, van experimentando y conociendo su lugar en el mundo. Por eso a veces pensamos que nos están retando (a los padres y a los límites que les ponemos) cuando en muchas ocasiones es a ellos mismos a los que se están retando y conociendo mediante su propia experiencia.
  • relacionado con el punto anterior, va en la naturaleza de ser niños el ir probando a ser más independientes de nosotros. De la dependencia total del bebé a la independencia del adulto no se pasa de un salto. El niño va dando pasos y experimentando su independencia poco a poco, a veces con pasos hacía atrás y algún pequeño salto.
  • observa como a veces esa necesidad de tener la aprobación de los padres les puede llevar a ocultar sentimientos de vergüenza, pena, tristeza… Pueden reprimirlos o esconderlos. En ningún caso es bueno que lo hagan. Enseñarles a aceptar lo que les ocurre en cada momento, lo que sienten, es una de nuestras tareas de padres.
  • cuando uno de nuestros hijos se salta las normas y no hay ninguna consecuencia, la conexión con ellos se pierde también. No hablo necesariamente de castigos. Las consecuencias deberán ir siempre ligadas al hecho y acordes a su edad.
  • cuando los mensajes que tratas de darles se pierden en el aire y no son capaces de integrarlos, lo que está fallando es la comunicación.

La manera en que respondamos a cada situación y a la actitud del niño, les hará abrirse o cerrarse a nosotros.

Por eso es importante observar cómo cada acción, palabra, gesto nuestro les influye, directa o indirectamente (también cuando no va dirigida a ellos). Puedes probar a revivir mentalmente la última semana y observar. Cierra los ojos y repasa en tu mente los últimos días, o procura observar con atención tu comportamiento en los próximos días.

Después de observar mentalmente o durante unos días, piensa si de verdad eres la influencia que quieres ser. Concluyas lo que concluyas, tengo una buena noticia y es que puedes desde ahora mismo empezar a construir una conexión emocional con tus hijos que os haga crecer juntos. El primer paso para educar con el ejemplo y ejercer una influencia positiva y constructiva en nuestros hijos, es educar-nos a nosotros mismos, construir dentro de nosotros, plantar la semilla en nuestro interior para que emerja hacía el exterior.

Posiblemente creas como yo que no hay un único método para educar. Si en cambio has creído que sí, que hay métodos infalibles, enhorabuena si te van bien. Es genial.
Pero no sufras por no ser la madre o padre perfecto porque sigues las instrucciones del método X y no te dan ningún resultado. O porque te funcionó con un hijo y no con el otro. No hay recetas universales y únicas en educación. Cada niño, cada hijo, cada padre, cada madre, cada familia es diferente y única.

Mi método es el de leer mucho, escuchar, estudiar, conocer a cada uno de los miembros de mi familia y a todos en conjunto, e ir aplicando lo que creo que mejor le va a cada uno. Con la cocina hago igual: si quiero hacer un plato que nunca he hecho, miro varias recetas y de ahí realizo una propia, la que mejor va con los gustos o necesidades de la familia, con los medios que tenga y los ingredientes adecuados.

En la educación de los hijos, hay un ingrediente básico sin el cual no hay nada más que hacer: el amor incondicional. Aunque lo demos por supuesto en general, recuérdalo cada día. Sea lo que sea que hagamos para educar, siempre sobre la base del amor. Si no, algo no funciona.

Hay muchos más ingredientes básicos como son el respeto, el cariño, la comunicación (sobre todo la escucha), la coherencia… ¿Cuál añadirías?. Nadie mejor que tú conoce a tu hijo. Puedes pensar en qué ingredientes necesitas ahora, aliñados con tus valores.

Por tanto, para conectar emocionalmente con los hijos, los padres han de ocuparse primero de sí mismos. Para formar a seres humanos conscientes y emocionalmente fuertes primero debemos desarrollar un firme compromiso y asumir una responsabilidad personal para desarrollar nuestra propia consciencia, autoconocimiento y una serie de habilidades que nos permitan actuar de manera más efectiva y saludable en nuestras vidas.

Para que un padre o una madre eduque de forma consciente, debe ser una persona consciente. Si el padre o madre está atento, tranquilo, relajado, en paz consigo mismo y con los demás, podrá cultivar las cualidades y actitudes de paciencia, la confianza, el respeto y la amabilidad en sus hijos, a veces sólo con su mera presencia.

Establecer una buena conexión emocional con nuestros hijos les hará ser fuertes emocionalmente y sabrán dar respuesta a posibles situaciones futuras de elevada carga emocional.

¿Crees que conectas emocionalmente con tu hijo o sientes que estáis desconectados?.

Pilar Navarro