¿Eres de los que se hacen una lista de propósitos al empezar un nuevo año?. ¿O prefieres no hacerlo porque nunca los cumples?. Sea cual sea tu caso, este post te interesa.

Antes de que acabe el primer mes conviene revisar esos propósitos que nos hicimos a principio de año. ¿Has empezado y abandonado ya alguno?, ¿has decidido que empiezas “mañana”?, ¿o no sabes cómo ni por dónde empezar?.

Una manera efectiva de “ponerse en marcha” y no abandonar es cambiado nuestra mente. Sí, lo que lees. Existen algunas técnicas gracias a las cuales podemos modificar (eso sí, poco a poco) nuestros “hábitos” mentales que nos llevan a seguir actuando como lo hacíamos hasta ahora. Y así, sin poner de nuestra parte, los propósitos son muy difíciles de conseguir.

No lograremos nada si hacemos “lo de siempre”.

Los investigadores en psicología, neurobiología y otras ciencias que estudian el cerebro humano, publican continuamente artículos demostrando la plasticidad de nuestro cerebro y cómo podemos educarle para conseguir nuestros objetivos o cambiar aquellas actitudes negativas que se nos han ido afianzando en nuestra mente.

Te dejo cuatro propuestas que podemos hacer de manera sencilla para modelar y entrenar nuestro cerebro:

1.- Contarnos historias reales, o lo más reales posibles.

Como sabes, lo que nos contamos a nosotros mismos es una interpretación de la realidad. De hecho, habrás notado que ante un mismo suceso puede haber tantas interpretaciones como personas que lo ven. Con nosotros mismos hacemos igual: interpretamos y nos contamos las cosas de diferentes maneras según nuestro estado de ánimo, nuestras creencias, etc.

Podemos pensar que caemos mal a una persona que no nos ha devuelto el saludo o podemos pensar que no nos ha visto. El hecho de que alguien no nos salude puede llevarnos a decirnos que somos lo peor cuando la auto-imagen que tenemos de nosotros es muy negativa, o darle vueltas a las últimas veces que hemos visto a esa persona por si dijimos algo que le ofendió o no darnos ningún argumento, ni positivo ni negativo; simplemente obviarlo. No nos ha visto. Nada más.

Del mismo modo si algo nos sale mal, no adelgazamos nada a pesar de estar toda la semana a dieta, hacemos un ejercicio erróneo en un examen, nos equivocamos en algo…. ¿qué nos decimos?: “soy un desastre”, “nunca lo lograré”, “siempre meto la pata”, “soy tonta”……. o “¡vaya! qué despiste, he de estar más atenta”, “si me esfuerzo más, el próximo examen me saldrá mejor”, “sigo con la dieta, la pérdida de peso es lenta pero estoy en el buen camino”, “esto no funciona, probaré de otra manera”, “guau! 9 ejercicios bien de 10, enhorabuena!”…..

Mucho cuidado con lo que nos decimos, con cómo nos juzgamos y con lo que nos contamos. Con frecuencia somos nuestro peor enemigo.

Mira la realidad con ojos objetivos para que la interpretación que hagas sea neutral y puedas sacar aprendizajes positivos.

2.- Sustituye el “tengo que hacer” por el “quiero hacer”.

También sirve, si lo prefieres, el “voy a hacer”. Con determinación.

No es lo mismo hace algo por obligación (una dieta porque te obliga el médico, leer dos libros a la semana porque te obliga el profesor, etc.) que hacerlo por razones de salud, bienestar, placer, amor…

El cerebro percibe la diferencia y sabe cómo sabotear tu propósito. Las obligaciones impuestas desde fuera accionan un circuito en el cerebro que te empuja a caer en la tentación de hacer lo contrario. Además de que haces las cosas sin ningún placer, lo que te causa malestar e infelicidad.

En cambio, hacer las cosas porque tú quieres o simplemente porque sabes que es lo mejor para tí, activa el circuito de la satisfacción. Y estar satisfecho contribuye a alcanzar el objetivo o propósito que te hayas marcado.

Si en lugar de los propósitos de principio de año hablamos de una obligación impuesta por tu jefe, haz de ella una cuestión personal, búscale el lado placentero y hazlo tuyo para que sea un trabajo satisfactorio.

3.- Vive aquí y ahora.

El único momento real es este que ahora estás viviendo. Sé consciente de ello. Respira y siente este momento. Igual que entrenas tu cuerpo, puedes entrenar tu mente con el ejercicio de la meditación. Empezamos aprendiendo a respirar de una manera consciente. No hay nada más que hacer. Y poco a poco aprendemos cómo meditar para acallar nuestra mente de mono y mejorar muchos otros aspectos de nuestra vida.

Con mindfulness nos ayudamos a nosotros mismos a llevar esa vida que anhelamos y cumplir los propósitos marcados:

  • Con meditaciones en silencio o guiadas, sentados durante un tiempo.
  • Con prácticas informales que nos ayudan a “darnos cuenta” del momento que vivimos.
  • Con paradas breves para respirar y tomar conciencia de donde estamos y a donde queremos ir.

El mindfulness nos ayuda de todas esas maneras y alguna más a no desviarnos de nuestro propósito, o a desviarnos conscientemente si vemos por el camino que no es eso lo que realmente queremos.

Nos ayuda a aceptar lo que nos ocurre y sobre lo que no tenemos más poder de decisión que elegir nuestra actitud y nuestra respuesta, sin pelearnos o resistirnos. Mindfulness nos ofrece muchas herramientas con las que construir nuestro camino desde el aquí y el ahora.

4.- Practica la amabilidad.

Si tu lista de propósitos es tan amplia que no puedes con todo, si desde la primera semana ves que ese curso al que te has apuntado no es para tí, o que el ritmo del gimnasio es demasiado fuerte, no te riñas. Nunca te riñas. Observa los porqués y revisa tus objetivos. Y con amabilidad vuelve a planteártelos. Con amabilidad no significa con renuncia o tirar la toalla. En absoluto. Revisar para cambiar; no para abandonar.

Es importante aprender a no reñirnos, como decíamos en el punto 1. Si tenemos ese hábito muy afianzado, el primer paso es darnos cuenta de que nos estamos riñendo y no somos amables con nosotros mismos. ¡Bravo si simplemente te das cuenta!.

El segundo paso es parar cuando nos damos cuenta y respirar. Dedícate palabras amables y recuerda que la bondad está en tí.

Recuerda también cuál es la verdadera intención que te lleva al propósito elegido. Probablemente sea “ser feliz”. Si realmente tu intención es ser feliz, no lo olvides. En vez de reñirte, recuérdate con amabilidad, una y mil veces, que tu anhelo es ser feliz. Porque la felicidad está en tí. Descúbrela.
Con estos cuatro tips, si eres perseverante, podrás llegar a diciembre con tus propósitos cumplidos. ¿Empezamos?. Ahora es un buen momento.

¿Y qué pasa a partir de mañana o de pasado mañana?.

Sigue practicando los cuatro puntos. Para acordarte te recomiendo algunos trucos:

  • anótalo en la agenda si eres de los que cada mañana la consultas
  • ponte alertas en el móvil cada cierto tiempo
  • pon post-it en sitios clave (nevera, espejo, pantalla de ordenador, almohada, cajón de los cargadores del móvil…)
  • guarda este post en cualquier aplicación que utilices para poder releerlo de vez en cuando
  • compártelo con tu pareja, algún familiar o amigo para hacerlo juntos y animaros/apoyaros mutuamente
  • relaciona cualquiera de las propuestas, o todas, con algo que hagas a diario y así cuando hagas una cosa te acordarás de la otra. Por ejemplo: la ducha, correr, preparar café, al acabar la clase de pilates, caminando al trabajo, conduciendo, esperando el autobús…
  • lleva un recordatorio en el bolso, en la mochila o en el bolsillo del abrigo de manera que cuando metas la mano lo toques sin querer. Al tocarlo, te acordarás de “ser consciente” y hacer tu ejercicio mindfulness del día. Puede ser una piedra o cualquier objeto pequeño.

La utilidad de estas propuestas mindfulness está más que probada siempre y cuando seamos perseverantes. Un día o dos no son suficientes. Sigue adelante y recuerda siempre cuál es tu intención, tu objetivo, tu propósito último. El que te lleva a toda la lista de propósitos que has hecho. El gran motivo de tu vida. Tener siempre presente el PROPÓSITO, con mayúsculas, hará que no te despistes ni abandones la ruta. Al menos, ¡inténtalo! .

Comparte si crees que estas propuestas pueden ser de utilidad a alguien. ¡Gracias!.

Pilar Navarro