¿Puedes dejar la mente en blanco?

¿Te has preguntado alguna vez qué hace tu mente cuando no tiene nada que hacer?.

Si te das cuenta, desde antes de poner el pie en el suelo al despertar hasta que cierras los ojos por la noche, tu mente deambula de un lado para otro bien adelantándose a la siguiente actividad que tienes entre manos, bien acordándose de algo que ya has realizado o que tenías que hacer y no hiciste.

Nos pasamos el día dándole faena: “ahora vamos a recoger”, “enciende el ordenador”, “parece que tengo hambre ¿qué puedo comer hoy?”, “¡ay! ¡qué no se me olvide que a las cinco tengo la reunión!”, “mira esta libreta que chula es, la voy a utilizar para planificar el cumpleaños”…

No necesariamente hablo de la mente de mono a la que nos referimos en mindfulness para describir el continuo rumiar de la mente. También cuando estamos presentes y actuamos desde la consciencia, nuestra mente no para de generar pensamientos, ideas, imágenes. Porque ya sabrás que dejar la mente en blanco, sin pensamiento alguno, es prácticamente imposible para la gente común como tú y como yo. Quizá una mente muy muy entrenada pueda dejar la mente totalmente vacía de pensamientos. A nuestro nivel es imposible.

Pero, ¿qué pasa cuando no dirigimos ese pensamiento?,

es decir, ¿cuándo no le damos ninguna orden ni directriz a la mente?. Cuando simplemente dejamos que los pensamientos vengan como quieran, al ritmo que quieran sin intervenir de ninguna manera.

¿Dónde va tu mente cuándo no le dices dónde ir?.

Prueba un momento. Quédate sentado con los ojos cerrados y las manos descansando sobre tus piernas con los pies bien apoyados en el suelo. Y deja ir a la mente libre por dónde quiera. Hazlo ahora. Yo espero dos o tres minutos, no hay prisa…

(…)

¿Qué tal?. Te sugiero escribir esos lugares a los que se ha ido tu mente des-controlada:

  • ¿La has dejado ir o no has podido resistir la tentación de “decirle” algo?.
  • ¿Has dejado que los pensamientos fueran dónde quisieran o te has enganchado con alguno y te has ido con él?.
  • Si te has quedado haciendo la lista de la compra, no te preocupes. Lo importante, como siempre, es que te das cuenta.

Repite el ejercicio de vez en cuando, sobretodo cuando te encuentres bloqueado o creas que se te acumulan los pensamientos y te empiezas a agobiar. O simplemente hazlo como un acto de higiene mental.

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No hay nada que hacer. ¿En serio?

Haciendo este ejercicio hace unos días con mi grupo de práctica, vi con claridad algo que otras veces me chocaba. Y es que te habrás dado cuenta de que en mindfulness se habla de dejar pasar el pensamiento cuando aparece. Así son las directrices en muchas meditaciones guiadas. Y yo me visualizaba tocando el hombro del pensamiento que se acercaba por un lado de la mente para que se fuera por el otro lado. Es decir, que dirigía mi pensamiento.

La forma de verlo ahora es distinta. No lo he leído en ningún libro. Durante mi formación siempre he oído hablar de dejar que el pensamiento pase. Así que esta nueva manera de explicarlo, aunque quizá la encuentres en algún sitio, para mí es nueva y me está ayudando más a aquietar la mente.

Y no es tanto dejar que los pensamientos pasen, si no dejarlos estar sin más. Si el pensamiento se va, estupendo. Y si se queda, también. La clave es no intervenir. Una actitud de “ya te atenderé luego” y dejarlo estar.

Puede que aparezca una idea genial y no quieras perderla. Por eso, simplemente deja que lo que aparezca, aparezca; y lo que pasa, que pase.

Única y exclusivamente deja a tu mente en paz.

Practicar cada día unos minutos el no hacer nada con la mente, dejarla libre, aporta claridad, calma y quietud. Muchos de los programas para la reducción del estrés utilizan esta práctica. Esa claridad, calma y quietud ayuda a resolver problemas y situaciones más que quedarnos enganchados buscando una solución. Es como si llevaras tu mente a un spa.

He visto gente de por sí nerviosa, a la que se le movía el cuerpo como queriendo atrapar los pensamientos o hacerles caso: “qué haces aquí sentado si tienes que ….. ” y hacer el amago de levantarse. Para los más nerviosos o inquietos, es un ejercicio al principio difícil. Y ¡¡mira que es sencillo!!. ¿A quién no le gusta que de “deberes” le pongan no hacer nada?. ¡¡¡Mis hijos estarían encantados!!!

Cuéntame adónde va tu mente cuando no le das órdenes de ningún tipo (ni siquiera la de quédate en calma, no pienses y otras por el estilo que tendemos a decirnos cuando empezamos a practicar). Observa qué hace tu mente cuando no tiene nada que hacer.

Interesante. ¿verdad?

Pilar Navarro