Hace unos meses encontré una entrada en Facebook en la que se contaba cómo evitar los rumores según, nada más y nada menos, que Sócrates. En la entrada se contaba, a modo de anécdota, la enseñanza de los tres filtros.

Más tarde, encontré otra entrada en la que un “experto” en redes sociales proponía las tres preguntas que debemos hacernos antes de publicar en nuestros muros. ¡Qué casualidad! las preguntas eran las mismas que las propuestas por Sócrates.

Os cuento la historia:

Cuentan que un discípulo llegó muy agitado a la casa de Sócrates y empezó a hablar de esta manera:

– “¡Maestro! Quiero contarte cómo un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia…”

Sócrates lo interrumpió diciendo:

-“¡Espera! ¿Ya hiciste pasar a través de los Tres Filtros lo que me vas a decir?-

-“¿Los Tres Filtros…?”

-“Sí” – replicó Sócrates. “El primer filtro es la VERDAD.”

–“¿Ya examinaste cuidadosamente si lo que me quieres decir es verdadero en todos sus puntos?”

-“No… lo oí decir a unos vecinos…”

-“Pero al menos lo habrás hecho pasar por el segundo Filtro, que es la BONDAD: ¿Lo que me quieres decir es por lo menos bueno?”

-“No, en realidad no… al contrario…”

-“¡Ah!” – interrumpió Sócrates. – “Entonces vamos al último Filtro. ¿Es NECESARIO que me cuentes eso?”

– “Para ser sincero, no…. Necesario no es.”

– “Entonces – sonrió el sabio – si no es verdadero, ni bueno, ni necesario… sepultémoslo en el olvido…”

¿Tienes algo que decir a otra persona?…

Recuerda pasarlo por la VERDAD, la BONDAD y la NECESIDAD antes de decirlo.

Interesante y útil, ¿verdad?.

El triple filtro es fácilmente transformable en las tres preguntas básicas que deberíamos hacernos varias veces a lo largo del día antes de tomar una decisión, por intrascendente que ésta nos parezca. Las consecuencias de actuar sin pensar, automáticamente o reactivamente, puede depararnos consecuencias de difícil reparación.

Podemos aplicarlo a tantas situaciones como pequeñas decisiones tengamos que tomar a lo largo del día.

Las tres preguntas básicas son:

¿es verdadero?
¿es bueno?
¿es necesario?

¿Cómo aplicarlas?.

Vamos a ver varias situaciones de nuestro día a día para observar su utilidad:

1.- Estamos trabajando o en casa leyendo, viendo la televisión, etc. y el estómago nos da un pellizco. Nos levantamos y abrimos la nevera y la despensa casi simultáneamente buscando algo que nos “quite” el hambre. Cogemos una galleta rellena de chocolate. Antes de comértela, mírala y responde las preguntas:

¿Es verdad que tengo hambre? Quizá sea sólo aburrimiento o ansiedad.

¿Es bueno que ahora me coma un capricho lleno de calorías? Puede que mejor tome una pieza de fruta o un vaso de agua.

¿Es necesario? Si no tengo hambre realmente y no es bueno que me lo coma, ¿es necesario?.

Sólo con estas tres preguntas, ya estamos haciendo una comida consciente. Si respondes que sí a las tres, ¡adelante! disfruta de la galleta. Si alguna respuesta es negativa, plantéate qué es mejor hacer.

2.- Estamos consultando nuestras redes sociales y vemos que alguien ha publicado un comentario que nos molesta. Nuestra primera reacción es escribir una respuesta a esa persona un tanto irónica y punzante, relacionada con ese comentario en concreto, pero no evaluamos si podemos hacer daño a alguien ajeno a nuestra conversación, o incluso a nosotros mismos por dejar una “huella” en nuestra historia digital que nos puede pasar factura más adelante.

Antes de pulsar “enviar” o “publicar”, detente un momento y piensa:

¿Es verdad lo que he escrito? ¿o es fruto de mi “ira” temporal y no he dedicado ni un minuto a comprobar su veracidad?

¿Es bueno para mí o para los demás que lo publique? ¿hago “el bien” o sólo deseo descargar mi malestar?

¿Es necesaria esta publicación? ¿de verdad estoy ayudando? Puede que si el comentario contesta a una sola persona, sea mejor mandárselo por privado. ¿Es necesario ponerlo en conocimiento de todos y exponerme de esa manera?

Ahora ya estás en condiciones de dar una respuesta no-reactiva, sin dejarte llevar por las emociones del momento.

3.- Te llegan por correo electrónico las últimas ventas on-line abiertas de una marca que te gusta. Miras los productos que te ofrecen y seleccionas varios de ellos. Vas a la cesta y observas la lista. ¿Los vas a comprar?. ¿Estás seguro?.

Antes de hacerlo, plantéate las tres cuestiones:

¿Es verdad que lo quiero?. Puede ser. Son unos productos maravillosos, bellos, útiles….

¿Es bueno que los compre?. Quizá sí, quizá mi cuenta bancaria se resienta bastante, quizá no sean tan útiles o quizá…

¿Es necesario?. Bueeenooooo, tengo ya varios de esos, ahora no lo necesito pero quién sabe si más adelante…….

Puedes evitar muchas compras compulsivas de las que luego te arrepientes aplicando las tres preguntas antes de comprar.

¿Algo más?

SÍ. Traslada las tres preguntas o los tres filtros a otras situaciones que sean más cotidianas para ti: reñir a un hijo sin saber exactamente qué ha pasado, contestar mal a un compañero, seguir un rumor en la oficina, dar algún consejo no solicitado, participar en alguna actividad que no te convence, y un largo etcétera de momentos que se dan a lo largo del día y de la vida.

Los tres filtros, según se atribuyen a Sócrates, se resumen en tres palabras:

Verdad
Bondad
Necesidad

Las tres preguntas que te aconsejo que te anotes en tu móvil o grabes en tu mente, son:

¿es verdad?
¿es bueno?
¿es necesario?

Hazlas un hábito en tus pensamientos diarios, y ayuda a tu mente reactiva a tomar decisiones adecuadas que no puedan perjudicarte ni a ti ni a los demás.

Y ahora te invito a que pienses:
¿es verdad este post?
¿aporta algo bueno a quien lo lea?
¿es necesario para enseñar a nuestra mente a responder de manera no-reactiva?

Si la respuesta es sí, ¡genial!, puedes compartirlo en tus redes sociales preferidas pulsando en los botones indicados (con mi gratitud).

Foto: Saulo Mohana (Unplash)

Pilar Navarro