Una mañana de domingo ocurrió algo en casa que me puso triste.

Alguien cercano, con todo su cariño, me preguntó:

  • “¿Qué te pasa?”
  • “Estoy triste” – respondí,
  • “Haz mindfulness y pasa de esto” – me contestó.

    “Pasa” de esto

¿de qué? ¿de la tristeza?, ¿por qué?, ¿para no sufrir?.

Es una prueba más de que el mensaje “mindfulness” no llega bien, quizá porque se está abusando del término sin darle la explicación adecuada. Tal vez porque la mayoría de la gente se queda con los titulares y no profundiza más allá.

Por que mindfulness no es pasar.

En ese momento yo podría haber buscado cualquier distracción que alejara la tristeza de mí: quizá ver la tele, lanzarme a la despensa a comer algo dulce, salir a ver tiendas y, quizá, comprar algo que me diera un alegría momentánea, llamar a alguien y quejarme de lo que me había pasado y así descargarme, meterme en redes sociales…..

O podría haberme retirado con mi tristeza y ponerme a rumiar, a pensar en los por qué ha pasado, y por qué ahora, y por qué a mí, y…… enganchándome al suceso y a la tristeza que me produjo.

¿Con cuál te quedas? ¿Qué reacción crees que es la más adecuada, o, al menos, la más mindful?.

Ninguna, ¿verdad?.

Una respuesta mindful hubiera sido (y fue) darme permiso para sentir esa tristeza. No tenía nada más que hacer.

Darnos permiso ante cualquier cosa que nos suceda para sentir “eso”, sin buscar con la mente ninguna respuesta o distracción, sin regodearnos en la emoción ni pasar de ella. Siendo ecuánimes.

  • Sí, estoy triste, ¿y?… Déjame con mi tristeza que sé que, como todo, pasará. Tengo derecho a estar triste y me doy permiso para estarlo. De la misma manera que dos horas después hubo un perdón y una alegría inmensa. Me doy permiso para estar alegre ahora, cuando “esto” sucede, igual que me doy permiso para estar triste cuando es ese el sentimiento que me produce algo ahora. Sin esconderlo ni vocearlo.

Al darme permiso, observo la tristeza. Observo y sé. Observo y conozco. Observo y siento. Observo y respondo sin reaccionar.

Al darme permiso, me doy cuenta de lo que me produce tristeza (o enfado, o alegría, o nervios, o lástima, o pena, o risas…). Me doy cuenta de quién soy y de cómo soy. Sin analizar y sin juzgar.

Al darme permiso, también me alegro de mi tristeza. Porque soy un ser humano que reacciona ante las cosas que suceden, y fluyo con ello, y le doy la importancia que tiene, ni menos ni más.

Estoy, sin huir.

Estoy, sin lamentar.

Estoy, viviendo lo que me sucede, en el momento en el que me sucede, de la manera que me sucede.

Soy consciente.

Estoy consciente.

Vivo porque soy.

Soy porque vivo.

No permitas que nadie dirija tus sentimientos, ni que se adueñen de ellos. Eres tú quién debe darse permiso para ser, para vivir, para sentir.

Vives porque eres.

Eres porque vives.

¿Te unes a una vida mindful?

Pilar Navarro