La vida perfecta…. no existe. Si buscabas la fórmula para llevar una vida perfecta o los 7 mejores consejos para conseguirlo, puedes cerrar este post y seguir con tu vida, tal cual es ahora, porque la vida perfecta no existe.

En las clases de mindfulness surgen a menudo preguntas sobre si me pasa esto qué he de hacer, actúo bien si hago aquello o será mejor hacer esto otro, cómo he de comportarme (de una manera mindful por supuesto) ante una determinada situación, y muchas variantes más como si las personas que asisten a los cursos de mindfulness lo que realmente busquen es saber cómo llevar una vida perfecta.

En mi día a día he oído muchas veces eso de, “tú que haces mindfulness, ¿cómo crees que debo…?” o ante un una determinada situación en la que muestro enfado o nervios: “¿pero tú no haces mindfulness?”, como si por el hecho de meditar seamos ya seres etéreos o iluminados a los que nada ni nadie les afecta.

Todo eso es una idea errónea de lo que es una vida mindfulness que no es otra cosa que vivir de manera consciente. Una vida consciente frente a una vida perfecta. Porque tu vida será perfecta en el momento que la asumas y aceptes como lo que es: tú vida.

La vida consciente supone aceptar lo que te ocurre y vivirlo como lo que es. Sin luchar por lo que no se puede cambiar y sin resignarte a lo que sí puedes cambiar. Es vivir acercándote a lo agradable, y disfrutarlo, con la certeza de que no es eterno (es decir, sin apego) y acercándote a lo desagradable sabiendo que pasará (sin sufrimiento).

Es vivir cada día con la novedad y la curiosidad de todos los minutos que están aún por estrenar, con amabilidad hacía lo que llega y bondad hacía lo que hay. No vives en el deseo continuo de lo que no tienes ni en la melancolía de lo que se fue.

En la vida consciente eres más sensible que en la inconsciente porque aprendes a sentir. Mejor dicho, sentir, se siente siempre, pero aprendes a reconocer lo que sientes, dónde y porqué. Reconoces y aceptas de manera que siempre puedes reparar y mejorar. Tú eliges porque no te dejas llevar. Eres dueño de tus respuestas.

Una vida consciente se enriquece cada minuto con sensaciones y experiencias. La observación interna y externa nos van dando el aprendizaje que necesitamos. Somos nuestros maestros mediante la observación.

Tanto la meditación como la práctica informal enriquecen nuestra vida y la de los que nos rodean. En la vida consciente predomina el ser sobre el hacer, la actitud amable sobre la reacción automática, la observación sobre la ceguera.

El que vive conscientemente se ocupa de sí mismo. Y ese es el mayor beneficio que podemos ofrecer al mundo porque así damos presencia y paz a nuestro entorno.

Llevar una vida consciente es de valientes.

En una vida consciente miramos dentro de nosotros y entrenamos las facultades innatas relacionadas con la atención y la presencia plena: tomamos conciencia de lo que está pasando dentro y fuera de nosotros. No hay fórmulas mágicas para lograr una vida perfecta.

Con la práctica de mindfulness, poco a poco y sutilmente, con una firme intención y dedicación, conforme vayas haciendo tu vida más consciente, te darás cuenta de que tu vida, así como es ahora, ya es perfecta. No necesitas nada más.

Pilar Navarro